La deconstruccion del discurso de la soledad en las personas adultas mayores


La deconstrucción del discurso de la soledad en las personas adultas mayores

 Anaid Salas Flores Maestría en Terapia Familiar Sistémico Relacional  Universidad del Valle de Atemajac Dr. Roberth Eugene Martínez Frías 30 junio 2021.

 La persona adulta mayor vive diferentes realidades en nuestra sociedad, en ocasiones viven con su familia, algún pariente, amigo o alguna otra compañía, otras veces, habitan en una casa de asistencia, o viven solos. Algunos son jubilados, viudos, solteros o incluso viven situaciones complicadas propias de la edad, como lo son las enfermedades o el deterioro físico, lo que los lleva al “aislamiento social y a la soledad”. Rubio (2015) afirma que “la soledad que padecen los individuos puede ser objetiva, si se refiere a la vivencia real de estar solo, o subjetiva, si se orienta al sentirse solo”. La soledad objetiva en México, según en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018, dice que residen 15.4 millones de personas de 60 años o más, cifra que representa 12.3% de la población total, de las cuales 1.7 millones viven solas (INEGI, 2019). La soledad subjetiva, puede darse en diferentes circunstancias, se puede vivir con alguien y sentirse solo y hay quienes viven solos y se sienten plenos, muchas veces nos preguntamos a qué se debe este fenómeno y si aún tenemos esperanzas de vivirlo positivamente. Normalmente como sociedad asociamos la etapa de la vejez con soledad, ya sea por los cambios surgidos en las relaciones, por la condición física y emocional, lo que se vuelve un discurso que genera temor o angustia al llegar y estar en esta etapa, ¿podemos cambiar este discurso de temor o angustia a la soledad en la vejez, para que sea una soledad creativa y funcional? Los discursos que normalmente oímos cuando vemos a una persona adulta mayor, invitan a generar ternura, compasión o solidaridad, por ejemplo, si se le ve sola comprando sus víveres, que va a misa o hace sus actividades personales, surge el discurso, “pobre está sola, seguramente no hay quien la acompañe o vea por ella”, aunque en muchas ocasiones se trate de una persona independiente o que si tenga el cuidado de su familia. En otras ocasiones este mismo discurso es el que tiene una persona mayor de sí misma, algunos que viven con su familia, muchas veces la soledad que experimentan es desalentadora, porque creen que hay muchas cosas que ya no pueden hacer como antes, ya sea porque físicamente hay deterioro o alguna enfermedad, ya no se tiene el mismo “ánimo” o que incluso lo que ellos quieren compartir parece no ser importante para sus más cercanos, lo que genera una relegación del sistema familiar. Y qué decir de las personas mayores que viven solas o en casa de asistencia, ya que muchas veces se vislumbra como el peor panorama, pues parece que son personas abandonadas por la familia y la sociedad, como si hubieran sido forzadas por las circunstancias a vivir solas objetiva y subjetivamente. Es a través del lenguaje de estos discursos que se han mencionado, que al paso de nuestra vida vamos construyendo nuestra propia interpretación de la realidad, de lo que vamos entendiendo de la vejez y el miedo latente a la soledad, como algo que debiéramos evitar, que en ocasiones rige nuestra manera de actuar y pensar, menciona Gergen (1996) “las narraciones no son el producto de la vida misma, sino construcciones de vida”, nos hablan de experiencias y los significados que vamos construyendo en las relaciones que tenemos con los demás. Por ejemplo, en una investigación que realizaron Gergen y Gergen (1988) exploraron cómo las diversas subculturas norteamericanas caracterizan sus historias de vida. Se basaron en dos poblaciones claramente contrastadas: los adolescentes y los mayores. En los adolescentes se veía como tenían una percepción de la vida ascendente, de optimismo en el futuro, mientras que las personas adultas mayores, narraban la vejez en decadencia. A lo que se concluyó que “«Hacerse mayor como decadencia» no es sino una convención cultural, y está sujeta a cambio”.  Esto lo podemos trasladar a la perspectiva de la soledad del adulto mayor, donde los cambios que se generan en las relaciones, nos llevan a pensar en una “decadencia irremediable”, debido a que muchas personas ya no están presentes por diferentes circunstancias y las que están tienen otras ocupaciones, lo que propicia soledad objetiva y/o subjetiva. De lo que no hay duda es que somos seres relacionales y siempre estamos en relación con otros, interactuamos con la de las tortillas, el que trae el agua, algún familiar, la enfermera, el vecino, con Dios, entre otras. Sin embargo, en lugar de verlas como oportunidades de relación, nos vemos afectados por narraciones de “decadencia” que nos llevan a aislarnos y a cerrarnos a nuevas formas de relacionarnos. Por otro lado, Giorgio Nardone (2021) menciona que la soledad es como una moneda de dos caras, por una parte la soledad como algo que se elige y se busca,  lo vemos en diferentes disciplinas y religiones que ven la soledad como la “vía privilegiada para alcanzar estados elevados de conciencia, desarrollar capacidades creativas e intuitivas superiores y estados de trance performativo” (Nardone y Bartoli, 2019), lo que permite ver la soledad como una oportunidad para darle plenitud a la vida, de manera creativa, que fortalece esa relación con uno mismo, con lo que trasciende, con Dios, con la naturaleza y todo lo que existe, permite que nuestra narración de vida sea “ascendente”. Mientras que la otra cara de la moneda, es que la soledad se percibe como algo que se sufre y se rechaza, esta soledad se vive como sufrimiento, que lleva al aislamiento, con desesperanza, en “declive”, no permite que la soledad sea vista como una herramienta para vivir en plenitud y salir fortalecida de ella, sino por lo contrario, causa malestar y autoabandono. Cada persona podemos ir deconstruyendo las narraciones que se tienen del proceso de envejecimiento, que implica,  pasar de todos aquellos discursos que nos hacen relacionarlo con una vida “descendente” que lleva  a una soledad con sufrimiento, para generar nuevas propuestas a una vida más plena,  a una socialización efectiva que se vea proyectada en una narración “ascendente” y a vivir una soledad feliz que sea funcional y trascendental. 

Referencias:

 Gergen, K. (1996). Realidades y relaciones. Aproximaciones a la construccion social. Paidos Basica. INEGI. (2019). INEGI. Obtenido de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/edad2019_Nal.pdf Nardone, G. (2021). La soledad. Barcelona: Herder. Rubio, R., Pinel, M., & Rubio, L. (2015). Tres interrogantes sobre la soledad social en los adultos Mayores. España.